Carta de Javier García Tirado sobre el Estatuto Marco del Ministerio de Sanidad, y el atropello a los profesionales de la Medicina de la sanidad pública

El presidente del Colegio de Médicos de Zaragoza, Javier García Tirado, escribe una carta al director en Heraldo de Aragón sobre el estatuto marco

Sr. Director:

El candente conflicto actual que vivimos los médicos que trabajamos en la sanidad pública, desencadenado hace varios meses, cuando la ministra de Sanidad Mónica García presentó su Anteproyecto de Ley del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud, creo que merece una reflexión pública, dada su importante trascendencia que para buena parte de la ciudadanía puede pasar inadvertida. Por extraño que pueda parecer, al ser desconocido, el trabajo de los médicos de la sanidad pública se desarrolla bajo unas condiciones indignas en muchos aspectos laborales (jornada de trabajo, guardias médicas, categoría profesional, precariedad,…); el problema viene arrastrado desde antes incluso de que el vigente Estatuto Marco fuera aprobado en 2003, y el actual Anteproyecto presentado por una ministra que alardea de ser médica, no hace sino consolidar y perpetuar la situación que padecemos.

Como puede parecer lógico, en las mesas de negociación la representación sindical es la determinante de la composición de personas que negocian los acuerdos sindicales; en sanidad, se da la paradoja de que el colectivo médico se engloba en la amalgama de profesionales de todas las profesiones y oficios que trabajan en el sistema sanitario, a pesar de sus notorias particularidades diferenciales: exigencia formativa extrema, de mantenimiento de competencias y adquisición continuada de nuevas capacidades, y compromiso y responsabilidad máximos para procurar a las personas que nos necesitan, nuestros pacientes y la sociedad en última instancia, una atención médica de excelencia.

Numéricamente somos un colectivo profesional minoritario, y por tanto, no tenemos ninguna representación efectiva en la mesa de negociación sindical, en la que se ha gestado el acuerdo sobre este Estatuto Marco que nos afecta de pleno, pero que ignora y atropella derechos básicos para nosotros. Ante esta perspectiva, los sindicatos médicos, de corte profesional esencialmente, han intentado promover que se nos escuche para hacer valer nuestros derechos, habiendo sido completamente ignorados, incluso despreciados, por parte de nuestra "colega" médica y ministra a la sazón, so pretexto de que negociaba con quien estrictamente debía negociar desde el amparo de la legislación (esa mesa negociadora carente de representación médica), y que no cabía una vía para consideraciones particulares para el colectivo médico. En síntesis, las condiciones laborales que regirán el ejercicio profesional médico en el ámbito de la sanidad pública, han sido acordadas por el ministerio con otros colectivos profesionales, ninguno de ellos médico.

La convocatoria de jornadas de huelga por parte de los sindicatos médicos forzó a que fueran convocados a negociar, porque lo exige la ley, no porque la ministra, ni su segundo de a bordo, el secretario de estado del ministerio, también médico para más agravio, tuvieran la más mínima intención de convocarlos; esas reuniones no han dejado de ser una exhibición continuada de desprecio hacia nuestros representantes, y nuestras reivindicaciones laborales y profesionales.

Se avecinan una serie de movilizaciones: una nueva manifestación en Madrid el 14/02, y semanas intermitentes de huelga (la inmediata será la semana del 16/02). Dado el impacto que todo esto ya está teniendo, y puede llegar a tener en nuestro de por sí maltrecho sistema sanitario, creo que ha llegado el momento de que la ciudadanía tenga conciencia de las repercusiones que el maltrato profesional a los médicos tiene sobre el sistema sanitario: nuestras condiciones laborales que amenazan la calidad de la atención médica que prestamos, la seguridad de la asistencia sanitaria, y la propia sostenibilidad del sistema sanitario por ende, penden de un hilo, el del respeto a la dignidad profesional y humana de quienes ejercemos la Medicina con una vocación incuestionable de servicio a nuestros pacientes, pero que en modo alguno es una patente de corso destinada al sistema sanitario, y que no puede ser explotada por sus responsables políticos para atropellar los derechos laborales y la dignidad de todo el colectivo profesional de la Medicina.

Parafraseando un artículo publicado por José López Antuña en La Voz de Asturias, queda hecha la advertencia de que sin dignidad laboral no hay sanidad pública sólida, y sin reconocimiento profesional no hay vocación sostenible... Apoyar a los médicos hoy es garantizar que mañana, cuando más lo necesitemos, un médico seguirá estando al otro lado del fonendoscopio.

Javier García Tirado
Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza